SECCIÓN

EL POETA DEL BANQUILLO

por Esteban Becker

Arrieros somos

 

Dicen los horóscopos que nos unimos con nuestros semejantes involuntariamente por detalles que aunque parezcan intrascendentes no lo son y certifican los adivinos y brujos que hay que intentar no contradecir las huellas del destino.

 

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Alexis conoció a su mujer en una fiesta en Buenos Aires. Se enamoró de ella y de su nombre, Oxana. Decidieron tener un hijo, Blixa y fundaron el Mundo X.

En la  familia Ruiz, de Toledo,  todos los hermanos se llaman Mario y las chicas María.

El primer nombre de los catorce nietos que tiene Etelvina, todos comienzan con la letra E.

En  la familia de mi amigo Gabriel Colombo, todos los hijos, los cuatro, se llaman como las cuatro estaciones más un adjetivo: Blanca Primavera, Otoño Salvaje, Verano Límpido e Invierno Crudo.

La mujer de Lucio Figueroa, el de la hinchada de Boca tuvo trillizos, a los que les puso de nombre Diego, Armando y Maradona.

 

 La Historia de las ZETAS podría ser un caso parecido a una de estas coincidencias.

 

-2-

Se despertó sudando una noche. En el sueño una bruja le decía que su destino era el Mundo Zeta. Y supo muy rápido que así sería, puesto que su nombre comenzaba con letra zeta y también su apellido y también su apodo. Se enamoró aunque no hay pruebas de una actriz, que actuó con Antonio Banderas en la película El ZORRO, con zeta ¿Cómo se llamaba?

Se caso con Zulma, su novia de toda la vida; dicen que mas enamorado de la letra zeta que de ella misma.

Se juraron siendo novios que su primer hijo tendría en el nombre una letra zeta.

Curiosamente su ídolo de pequeño fue un deportista cuyo nombre llevaba una zeta.

 

-3-

A Horacio le gustaba estudiar. Le gustaba sobre todo el idioma francés. Y decidió darle una alegría a su profesora del cole. Iría a entrevistar a un personaje archiconocido francés  que estaba de visita en el país.

Se escapo del colegio una fría mañana del invierno bonaerense.

 

 La Francia de  Michel Platini, el jugadorazo galo, estaría esa mañana entrenando muy cerca de su colegio en el Estadio de Independiente de Avellaneda, el de la Doble Visera de Cemento. Jugarían un amistoso con Los Rojos, equipo mítico en América por sus logros deportivos.

Francia se presentaba al Mundial de Argentina con temor. Habían denunciado que en el país del cono sur, los militares actuaban con rigor e impunidad. Se hablaba de desaparecidos y muertes El gobierno militar comandado por el General Videla, respondía con dos slóganes : “Los argentinos somos Derechos y Humanos”; “El silencio es salud”.

 

-4-

Corría el año 78, cuando Horacio  se apersonó al francés  a pedirle un autógrafo. Platini era su ídolo, hasta ese día. El joven de 23 años, líder de la bleu, se negó a saludar al joven aficionado argentino.

Horacio era un buen pibe. Tenía 14 años. Se la había jugado en su decisión de escaparse del cole para ver al francés y éste que lo ignoraba completamente. Tenía ganas de decirle a Platini, al menos tres cuatro frases, de las que había aprendido con su profe de francés; sólo con eso hubiese sido el pibe más feliz del país : ¿Bonjour monsieur?, ¿Comment ça va?; un autographe s´il vous plaît?

 

Pero Michel no estaba en una buena mañana, estaba enfadado y le respondió con un rotundo:

- ¡No!

Horacio pudo hacerse una foto con otro jugador francés que ni le interesó el nombre .En el fondo de la foto que por fin tomó, se veía a Michel Platini con una camiseta roja que había intercambiado con el ídolo local, Ricardo Bochini.

Horacio se marchaba muy dolido, cuando se dio vuelta y le gritó:

-¡Au revoir! Ya nos veremos! Ahí si Platini lo miró y le peguntó: ¿Qu´est-ce que vous dites? Y se acercaba como para firmarle un autógrafo, pero Horacio que se sentía humillado y resentido le dijo: -No, no me firmes; algún día me pedirás una firma vos a mí.

Y sentenció: ¡Arrieros somos y en el camino nos encontraremos!

 

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Algunos dicen por ahí que a Horacio le gustaba el balonmano. Pero yo les aseguro que era un enamorado del fútbol. Dicen también que era muy bueno en atletismo, lanzando jabalina. Y es verdad, tan verdad como que jugaba bien al voley y al básquet; pero amaba el fútbol y no lo hacía mal.

En septiembre de aquel 1984, contando con veintiún años, fue convocado por el Entrenador para integrar la Selección de Fútbol de la Universidad. Ese día un contratiempo cambiaría los acontecimientos. El árbitro no se había presentado a pitar.

Horacito que ese día tenía que jugar de segundo marcador central con el equipo de la Uni, vió truncada su carrera de jugador, pero jamás supondríamos que asistíamos al comienzo de una carrera brillante en el mundo del arbitraje.

Horacito, al que cariñosamente llamábamos el Tierno, era un percherón. La verdad es que tenía cualidades para jugar, pero arbitraba joya, fenomenal. Por eso lo alentamos esa tarde noche a que cogiera el silbato. No jugó, pero arbitró como si lo hiciera todos los días.

Había que verlo, con esa estampa. Metro ochenta y siete, pelo engominado hacia atrás.

Y, sí, tenía porte de galán de telenovela, de artista, de árbitro de primera.

-No es bueno ir contra el destino. Todo esta marcado sentenció una  bruja.

De ahí en más la casaca número 4 fué para el lungo Luis y el pito siempre, pero siempre, para el Tierno.

 

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Muy lejos de Buenos Aires, a catorce mil kilómetros, en Paris, Platini levantaba  la Eurocopa del 84, siendo el máximo artillero con nueve goles; habían vencido a España .

 

Precisamente dos años antes en el 82, en el Campeonato Mundial disputado en el país ibérico, los gallitos de Le Coq Sportif, habían dado muestras de equipo soberbio.

Platini que había jugado en Nancy, Saint Etienne y Juventus de Turín volvió a participar en el M-86 en México, Mundial en que fue encandilado por Diego Maradona, que ya le había hecho de las suyas cuando ambos jugaban en Italia, uno en el norte y el otro en Nápoli.

 

-7-

En la Costa Azur, con zeta, no en el barrio rico de yates, champagne y caviar libanés, sino en la periferia, otro tierno comenzaba a demostrar sus habilidades.

De padres argelinos, el inmigrante sería  algún día mejor que Platini, sentenció uno de esos vecinos de pronóstico fácil. Más de dos le creyeron. Otros lo veían bueno, pero dudaban.

No era muy normal el chiquillo; tímido, callado; aunque a veces le daban esos arranques de locura, esos venazos. Vaya carácter.

Un poco flaco, demasiado alto. Pero empezó a destacar en el humilde equipo de su barrio de la Castellane.

 

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La frustrada carrera de futbolista del Tierno Horacio, lejos de perturbarlo, le dió mas fortaleza. -Si mi vida es el fútbol y no puedo ser futbolista, seré árbitro de primera división.

Lo que es el destino, que dijera la bruja. Esa energía hizo que por casualidades de la vida pasara por el campo de juego de la Universidad, un hombre de la federación de fútbol. El observador preguntó a los profesores por el muchacho.

Fue captado esa  misma tarde, por un hombre exquisito que se transformó en su mentor: Don Angel Coerezza, por supuesto que con zeta.

Ángel había sido árbitro mundialista y fué el guía en los pasos de Horacio Elizondo, con zeta, en el arbitraje.

 

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En Marsella, un flaco futbolista, medio gacela con ojos de halcón, hacía las delicias que el respetable público aplaudía. Encandilado, un petit garçon llamado Zizou, que alcanzaba los balones en los partidos de la primera división francesa, lo tomó como su ídolo. Era el fenomenal jugador uruguayo, Enzo Francéscoli, con zeta.

 

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El reloj seguía corriendo a ambas orillas del Atlántico.

En la cancha de River Plate, en 1994 debutaba en primera, nuestro Tierno, ahora Roble, amigo Horacio. En el 96 su primer partido internacional. Y desde allí el trampolín a los numerosos eventos internacionales que se celebraban a lo largo y ancho de todo el mundo.

Que presencia. Que autoridad. Que sobriedad.

Sus arbitrajes gustaban hasta a los propios futbolistas, que en más de una ocasión pedían que por favor los arbitrara él.

 

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Zinedine Zidane, de la quinta del 72, llegó a jugar en la primera división francesa. El Cannes fue su despegue, el Girondinnes de Burdeos su proclamación, la Juve de Turín, al igual que su paisano Platini el sitio para la experiencia. y un buen día aterrizó en el Santiago Bernabéu donde hizo las delicias del exquisito paladar negro del público del Real Madrid. Desde los tiempos de Di Stéfano alguien no encandilaba tanto. Que calidad. Que finura. Que elegancia. Que golazo le marcó al Leverkusen en Glasgow. Con su pierna mala, de volea, desde la frontal del área, para conquistar la novena Copa de Europa para el Real Madrid.

 

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1998. La Bleu, su selección, gozó de cada uno de los minutos de ZZ en el campo de juego. Bien es cierto que a veces tenía cortocircuitos cerebrales

que afectaban su carácter y era expulsado. Lo había hecho en sus equipos de Francia, con la Juve repetidas veces, y esta vez con la Selección en su propio Mundial.

Por suerte pudo estar en los partidos decisivos y coronarse campeón en Saint-Denis de la Copa del Mundo en su mismo país. Sendos golazos de cabeza contra Brasil en la final; celebración por todo lo alto y encumbramiento por encima de Platini, nada menos.

Después vino la Eurocopa del 2000, en la que se alzaron otra vez con el título y la inexplicable decepción en el Mundial de 2002 en Korea-Japón.

Zizou, ZZ, no imaginaba que el futuro le depararía nuevas experiencias.

 

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2006, Mundial de Alemania. Final.

Arbitra el argentino Horacio Elizondo. Parle francaise y parla italiano. Es el quinto partido que pita en el mismo Mundial, todo un récord, sumando el honor de haber sido designado para el Partido Inaugural. Dicen que tienes ojos hasta en el culo. Que todo lo ve. No se le escapa nada. Sabe muy bien Horacio que lo acompañan colaboradores de auténtico lujo. Águilas, halcones.

Pondría las manos en el fuego por ellos, tanto como ellos darían la vida por él.

 

Los dos finalistas son Italia y Francia.

 

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Capitaneando a los galos, a sus 34 años, está el artista Zinedine.

Todos saben el final, ya que las imágenes viajaron por todo el mundo.

Zidane, sin estar el balón en juego en su sector, agredió con un cabezazo a un jugador italiano, Materazzi, con zeta.

Horacio Elizondo, muy cerca de la jugada, de espaldas, no pudo ver el incidente, pero fue advertido por uno de sus colaboradores, el cuarto árbitro español, Mejuto González, con zeta. Ni un segundo lo dudó. Expulsión del francés.

 Francia en inferioridad, no pudo conquistar su segunda copa del mundo. Italia fué campeona.

Media Francia desplazada a celebrar en Paris no entendía que le había pasado al genio por la cabeza. ¡Merd!

Zizou, no pudo repetir título mundialista.

 

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En una de esas Galas que se celebran en Salzburg para premiar a los hombres vinculados al fútbol, coincidieron en la entrega al Mejor Árbitro del Mundo, el galardonado Horacio Elizondo, y un hombre fuerte, político de UEFA y FIFA, Michel Platini.

 

Este último muy serio.

Un segundo título mundial ganado por Francia, le habría dado mayor poder político para postularse a presidente de la FIFA.

La expulsión de ZZ, había echado por tierra todo el terreno ganado. Y ese árbitro..¿Le sonaba su cara? ¿Se habían visto?

 

-16-

Horacio, recibió de manos de Michel Platini el trofeo, ante los aplausos de la concurrencia y los flashes de medio planeta futbolístico.

Le dio la mano y del bolsillo de la chaqueta sacó un sobre. Lo abrió y le entregó a Platini una foto en sepia descolorida, pero ampliada, en la que se veía a un melenudo y joven Platini con la camiseta nº 10 de Independiente de Avellaneda, allá por el 78, veintiocho años atrás.

-¿Qu`est-ce que c`est? preguntó Platini.

- Un recuerdo, un souvenir.

-Merci monsieur Elizondó.

-Past de qua

-Excuse moi, mister Elizondó: ¿Podría darme un autographe?

-Me oui monsieur.

En el borde inferior izquierdo de la foto, quedó una dedicatoria firmada por el mejor árbitro del mundo, Horacio Elizondo.

 

 Platini la aceptó agradecido con una sonrisa y una inclinación de cabeza. Apenas tuvo un momento, se acercó a su traductora que después de leer puso cara de sorpresa.

Decía: ¿Se acuerda de mí? Arrieros somos...

 

Realizado en Laboratorio AudioVisual Mundo X [laboratorioaudiovisualmundox@gmail.com] para Esteban Becker. 2014