SECCIÓN

EL POETA DEL BANQUILLO

por Esteban Becker

Confidencia

 

La Yaya Seve acaba de cumplir noventa primaveras. Vivió o padeció dos grandes guerras. Sufrió el hambre y el destierro. ¿Qué le van a hablar de amor? Sabe latín, aunque nada recuerda, pero admite que  la ciencia la desbordó.

-No comprendo como es esto de la radio, la televisión y el teléfono. Tanto cable por aquí, ningún cable por allí, unos enanitos que aparecen pateando un balón.

 El fútbol ya pasó los cien inviernos y sigue igual. Ciento cinco por setenta para estandarizar; dos robustos pedestales de dos cuarenta y cuatro sostienen contra viento y marea un travesaño de setecientos treinta y dos centímetros. Once afortunados, los elegidos, saltan al verdecésped; uno, viste diferente. Tras la foto, cinco en cuclillas y los otros de pie, cara seria de enfado, el capi que se levanta, se revuelve en un desmarque y mete gol en la desierta portería. Los hinchas gritan, vuelan papeles, se levanta el telón.

La Yaya mira a los muñequitos en tecnicolor. En casa de Roque, el fútbol se mira, pero se escucha la radio. Los chicos, sus bisnietos, se enfadan porque el que habla confunde a los soldaditos que juegan.

 

La Yaya y Maricarmen, su nuera, se mofan de los comentaristas que utilizan un idioma insoportable e indescifrable: Disposición táctica, desarrollo técnico, capacidad física, factores energéticos, entrenamiento invisible, trabajo psicológico; marcaje zonal, rombo de unos, trivote de otros, punta, mediapunta, permutas y coberturas, antiguo relevo o desdoblamiento.

 

-¿ Y la pelota? pregunta uno de los niños, -¿Dónde está el balón?

-¿Dónde está el balón?, dice la abuela que parece resucitada y más viva que nunca. Cuando tuve noción de la vida, tu bisabuelo me abandonó por un balón. Nadie sabe esto, pero él era un elegante y apuesto capitán inglés. No más llegar a puerto, en Bilbao me amó con pasión y huyó dejándome encinta. ¡ A mí me dejó un balón!

En esas épocas no sabíamos nada de la vida. Por eso lo del marinero goleador del Liverpool fue apoteósico. ¡Qué hombre!¡Qué piernas!¡Qué poderío!

 

Las mujeres sólo servíamos para trabajar. No estábamos preparadas para otra cosa que no fuera fregar, cocer, lavar. No teníamos estos armatostes cuadrados de ahora; ni posibilidad de ir al cine; por lo que la cientoúnica diversión era la más conocida y antigua: El meta y meta; meta y ponga.

-¿Métodos anti qué? Mira, tener hijos era ley de vida.

 

¡¡¡Gol !!!

Los futbolistas que se confunden en una piña de afecto, sepultando al  compañero. Golpes en la cabeza, palmadas en el culo, cachetacitos y el infeliz autor del gol, sonriendo.

La Seve no aguanta más y con el bastón en alto comienza a decir:

-¡Que viva el Capitán, que viva el goleador!

 

El Roque que se siente un hijo putativo después de la confidencia de la yaya, está rojo, de cerveza, de calor y de vergüenza.

Los peques se van a la terraza a tocar la corneta y celebrar el triunfo.

Mamá Maricarmen, que acaba de escuchar la confesión de la Yaya, piensa si ella algún día, contará la suya; supone que no.

Ni el Roque ni la vieja sabrán jamás que los chavales son, en verdad, hijos de Juan Carlos, el carnicero, que es un verdadero artista en la zona caliente del área.

 

 

Realizado en Laboratorio AudioVisual Mundo X [laboratorioaudiovisualmundox@gmail.com] para Esteban Becker. 2014