SECCIÓN

EL POETA DEL BANQUILLO

por Esteban Becker

Homenaje póstumo

 

Amador había jurado y perjurado que si su equipo llegaba a la final, ahí estaría él para presenciarla. Nada de tele, ni radio; él con su bufanda, su gorrito y su trompeta, junto a su inseparable compadre José Ramón, viviendo el partido in situ. En Atenas, capital de Grecia, en tierras helenas, en La Caldera del Diablo. Ése era el regalo soñado, aunque una vez allí, mejor que mejor ganar esa final; porque las finales no se juegan, se ganan. Es que cuando uno nace con esos colores, todo parece poco. Después de la final, a festejar a lo grande. Si al final, un día viene la parca...por eso los gustos hay que dárselos en vida.

 

– Fue cuando quedamos campeones de la Liga y clasificamos para la Champions que me propuse este plan. Desde ese día fui metiendo lo de las propinas del restaurante debajo del colchón. El día que se me ocurrió lo del viaje, fui corriendo a por los ahorros y quedé perplejo después de contar la guita. ¡Estaba forrado! Bueno forrado no, pero había juntado más de lo que presuponía, con la táctica de meter monedas de dos euros en la botella de dos litros de Coca-cola.

 

Por eso es que invité al Joserra, camarero y amigo. Los amigos merecen la pena son lo único que uno elige. La familia uno no la elige, viene contigo desde la cuna. Por eso como dijera el poeta: Amigos... y nada más.

Mi hermana Luz me instó a arreglar la cocina y el baño. Me gritó: - ¡Cómo se te ocurre gastar ese dineral en un partido de fútbol!

Joserra, con  razón, me dijo que ya estaba bien de colaborar, de tapar agujeros, de ayudar a los demás, que cuándo iba a disfrutar algo yo. Porque en realidad mi vida se limitaba a trabajar como un condenado, a ir al fútbol los domingos, a llevar al cine a mis sobrinas, a poner guita para la casa, a salir alguna noche de tanto en tanto, alguna trampilla en el puti de Anabel, algún gramo de farlopita quizá una vez al año,  pero nada de nada. No daba palo.

¡Ya está bien! ¡Qué mierda! ¿Toda la vida de currante en el restaurante para luego no darme un homenaje?

¿Toda la vida esperando una final europea y la voy a ver porla tele? Quien sabe si esto se vuelve a repetir. ¡Que no, que no, que me voy para Grecia!

Roberto, el dueño del restaurant es capaz de venir conmigo, pero mejor me llevo al Joserra, ese es un amigazo y no le da para pagárselo él. Al final, él siempre estuvo a mi lado, aquí al lado de mi corazón. Amigos desde siempre. Si siempre estuvo en las malas ¿por qué no va a estar en las buenas?

¡A Grecia! ¡Vamos campeones! ¡Que voya estar con ustedes hasta que muera! ¡Vamos fenómenos que nos volvemos con la Copa!

¡A la final! ¡A por ellos! ¡Nos lo vamos a merendar!

 

El estadio era una olla a presión. Era verdad lo de estos tipos. Los turcos son terribles. Te acojonaban con sus cánticos, sus banderas y sus bengalas. No sé cuántos habíamos viajado desde Madrid. En el avión había aficionados, todos formales, de camisa y corbata, no sé a qué iban, ¿A insuflar ánimos o de figureti en los palcos?

Éramos pocos los ultras, los que nos dejaríamos la voz de tanto gritar. Porque los muchachos nos escuchan. Claro que les gusta que estemos con ellos. Por eso tenemos que gritar todos a una, po reso me enferman esos cuelloduros que se dicen madridistas y lo único que hacen es rajar. Nosotros vamos a alentar, vamos a decirles a los jugadores que se dejen la piel, que estamos con ellos. Y que ganen o pierdan siempre seremos del Madrid. Los otros, son blancos cuando ganamos, solo cuando ganamos, cuando hay intereses, cuando se puede sacar algo. ¡Mentecatos!

Esta vez nos tocaba jugar devisitante, porque en Grecia, jugábamos contra los turcos de Estambul y la cercanía geográfica los favorecía.

Encima, hay que reconocer, habían llenado tres cuartas partes del estadio con sus colores, sus camisetas, en cada uno de sus aficionados.

El espectáculo era apoteósico. Bestial. Qué belleza.

 

Nos dominaban. Nos  tenían contra las cuerdas. Encima parecía como que los futbolistas estaban cagados y no era para menos. Pero somos el Madrid, sabemos que iba a ser así.

Tras el córner a favor de los turcos, el Chopo que la bloca con sus tenazas y lanza un contraataque vía Palacios. El hábil 9 blanco tras la carrera y el regate, termina por el suelo, zancadillado. Penalti y expulsión. Sinceramente no sé si fué penal; quizá inmerecido,  pero que más da. El Tito Segura que golpea fuerte y al medio: uno a cero.

La caldera estaba por explotar. Ahí sí reconozco que me asusté. Nunca había vivido algo semejante. Nos empezaron a increpar mal. Se sentían mártires, pero volvieron a alentar a su equipo. Ellos con uno menos, el central derecho, que encima había escupido al árbitro asistente en su retirada del campo.

La verdad es que los hinchas los llevaban en volandas; un auténtico espectáculo de luces y color.

En el descanso, se apaciguaron los ánimos. Aprovechamos nosotros para beber y dejar el pis del miedo en el baño. Imagino que igualmente los jugadores sabiendo la que se avecinaba. Pero: ¡Esque somos el Madrid, cojones!

Comencé a maquinar la celebración de la Copa de Europa. En Grecia claro que no. De aquí salimos con el Joserra disparados. Aquí nos matan estos salvajes. Mejor festejamos al llegar a Madrid ¡La gran vida nos vamos a dar! Después de aterrizar en Barajas, a comernos unas angulitas del Cantábrico a Casa Merced, regadas con un buen Cabernet Sauvignon, en esos impecables manteles blancos. Después al karaoke de Antonito Rivero a fumar unos petas y de postre, ta chan ta chan: a visitar a la Patri al Atenea.

Después a casa a descansar, darles los regalos a mi hermana y mis sobrinas y derechito al catre que de nuevo el miércoles hay que currar. ¡Pero con qué alegría!

Viendo al campeón en vivo y en directo todo es más fácil. Es que ser del Madrid... Hay que nacer para saberlo.

En la reanudación, a la primera jugada nos empatan: uno a uno y a sufrir. El estadio hervía. Me cago en su p...madre. Como puede ser. Como se puede ser tan despistado. Entró sólo a cabecearen el segundo palo, encima el más bajito de todos.

Madre mía cómo festejaban. Se escuchaban gritos selváticos como jamás había vivido en un estadio. Se habían vuelto locos.

Ahora, parecía que jugaban ellos con un jugador más. ¡Como corrían.!

 

Yo ya pensaba en que lo mejor sería empatar e ir a los penaltis, con el Chopito era una garantía.

Y no más sacar del medio, en jugada ensayada, revolcón del Pepín López en el área y nuevo penalti a favor nuestro. ¡Para qué!

Expulsión de su capitán por protestar, y diez minutos el juego detenido. Su entrenador que los quería retirar del campo, el presidente que los empujaba desde el túnel instándolos a no retirarse. ¡Un desastre!

Reanudado el juego, tras el amague de suspensión, gol nuestro. El Pepín la empujó al rincón derecho del 1 de ellos que se quedó de piedra. Les juro que ni nosotros nos animamos a gritar. Dos a uno, injusto y a sufrir.

Los turcos nos querían comer. Quedaban cinco minutos y ellos encima con nueve. ¡Imposible que vuelvan a empatar! El Joserra se me acercó, me quitó la bandera de la mano, me instó a que me quitara la camiseta blanca y movió la cabeza como diciendo ¡Vamos! Realmente era mejor desaparecer. Estos tipos se la iban a tomar con nosotros.

Pero yo tenía que estar hasta el final. Como los iba a abandonar a los chicos. Como iba a dejar solo a mi Madrid. ¡¿Cuatromilkilómetros para no ver ese final?! ¡Por favor! Yo me quedo.

Fue cuando sentí ese fuerte dolor en el pecho.

Pensé en un infarto.

 

Ví un ramillete de gladiolos que volaban como fuegos de artificio en un túnel, una gran luz, un mantel blanco impecable, una copa alta de vino regada con Cabernet-Sauvignon y mis angulas del Cantábrico listas para servir.

El camarero quién sino, el bueno de Joserra, mi amigo, mi compadre, que me sonreía, ¿O estaba llorando?

Comencé a ver literalmente las estrellas. Era esa puñetera bengala que me estaba quemando vivo.

 

 

Realizado en Laboratorio AudioVisual Mundo X [laboratorioaudiovisualmundox@gmail.com] para Esteban Becker. 2014