SECCIÓN

SOLILOQUIOS DEL BECHU

por Esteban  Becker

La profesión

 

-¿Les conté el caso de...? - dijo Bechu…

-Conozco a un amigo que siguiendo los consejos de su abuelo, tíos y padres, terminó la carrera de medicina. En diez años fue Doctor, un genio.Hoy reparte frutas y hortalizas en un camión Scania Vavis por toda Europa. De médicos y hospitales no quiere saber ni gota. ¿Gota?, si llega a ver una gota de sangre se desmaya...

 

Conozco el caso de chicos que el fútbol no les gusta. Eso sí, su padre jugó en los infantiles del Club Deportivo Dinamita, ¿Cómo su hijo no va a ser futbolista?.

¿Y su abuelo? Llegó a ser el capitán del equipo aficionado del pueblo. Esos sí que jugaban al fútbol, no como los de ahora que cobran millones por nada.

 

Ni el médico quiere ver sangre, ni el chaval la trae en sus venas por más que se empecinen sus familiares.

Hay muchos padres que se empeñan en buscar oro donde no lo hay, con el perjuicio que eso le acarrea al chico.

Creo que debemos guiarlos, decía Bechu, y que ellos hagan su elección. No significa que hagan lo que quieran, pero las presiones profesionales alejadas de lo vocacional, entorpecen el crecimiento.

 

El joven, médico a los veinticinco años, fíjense si no tenía tiempo de estrellarse hasta los sesenta y cinco, edad de jubilación. ¡Cuarenta años de frustración!

El viejo Almafuerte sentenció: “Nada se consigue sin esfuerzo”.

Difiero del Maestro - dijo Bechu - me inclino por lo vocacional. Sólo el que disfruta de su profesión termina teniendo la mejor de las recompensas. Trabajar en lo que te gusta te hace, al menos, ser un hombre feliz.

 

 

Golpe a golpe

 

Los golpes que  da la vida, trasladados al binomio vida y muerte son irreparables. Los golpes deportivos no.

Hay momentos en la vida del deportista que son jorobados y a todos en cualquier ámbito de la vida nos ha pasado factura, argumentaba Bechu.

En el fútbol concretamente, aparece un entrenador que no cuenta contigo, cuando la temporada pasada resulta que eras el buque insignia del equipo.  Para otros este nuevo Míster trae renovadas ilusiones ya que el año anterior tuviste un año sabático.

Para el entrenador, un tanto de lo mismo. Tu equipo domina, el balón que se niega a entrar en la meta adversaria y en una contra se te va el partido y tres puntos de la mano.

¿Qué ocurre entonces? Que tu termómetro desciende hasta límites insospechados. Estás mal y te dan ganas de mandar todo a freír espárragos.

Pero si hay consuelo para todos, lo hay también para los que se dedican al mundo del fútbol. En definitiva estamos hablando de un juego donde la paridad entre equipos es cada vez mayor (salvo “ricas” excepciones) y la competitividad en las plantillas también lo es.

Ocurre que algunos se empiezan a presionar porque no entienden cómo pueden pasarle precisamente a él todos esos problemas.

Convengamos que en la oficina, en el hospital, en los hogares, en la verdulería, en el colegio y en los clubes hay presiones, todas son presiones. De diferentes intensidades para el que mira desde fuera pero intensas para los protagonistas. En el fútbol existen. Asumirlas es la obligación del entrenador y de los futbolistas, si no, haberse dedicado a otra cosa.

A todos les encantaría ganar todos los partidos, pero hay que estar preparado para la derrota y para saber que en un vestuario van a existir conflictos. Nadie te miente cuando te metes en este juego.

El que no esté preparado va a sufrir y el que logre salir airoso de estas situaciones sobrevivirá a la lucha por vencer a la tristeza, porque como dijera el poeta: “Quien no sabe sobre la tristeza deportiva, no sabe nada sobre la tristeza”.

 

Realizado en Laboratorio AudioVisual Mundo X [laboratorioaudiovisualmundox@gmail.com] para Esteban Becker. 2014