¿Qué es el Fútbol?

¿De quién es el Fútbol?

 

Intento de conceptualización/ definición

    Para definir fútbol podríamos comenzar diciendo que es un deporte; ¿Pero qué es un deporte?.Siguiendo en la búsqueda de una definición, volveríamos a encontrarnos sucesivamente con nuevas preguntas.

José Hernández Moreno, en su libro “Análisis de las estructuras de los juegos deportivos”, define el deporte como “una situación motriz de competición, reglada, de carácter lúdico e institucionalizada”.

Hasta el siglo XXI en que nos encontramos, mucho ha cambiado el primitivo concepto Deporte: pasatiempo o actividad recreativa. Continúa siendo un juego, pero con reglas que definen su desarrollo, federaciones que lo apoyan y defienden y por supuesto el deseo no solamente de divertimento sino el de superación y competitividad.

Es fácil hablar de fútbol con las sociedades que lo practican, pero sería difícil hacérselo entender a quién en su medio cultural apenas lo ha vivido.

Nos pasa a nosotros con el fútbol americano. Vemos estadios repletos de entusiastas aficionados que vitorean a unos jugadores y unas jugadas que apenas entendemos.

El fútbol está claro que es un juego. El placer que un balón produce en cualquier niño está fuera de todo análisis. A partir de la relación niño-balón, comienza el duelo niño-adversario. Un tercer momento sería la actividad con el compañero. El fútbol entraría dentro de la clasificación de deporte de colaboración- oposición. “Desarrolla su acción en un espacio común, con participación sobre un móvil, simultanea, es decir que los dos equipos pueden actuar sobre el balón sin esperar la acción final del adversario, hasta que alcanza el objetivo final del juego: marcar un gol o arrebatarle el balón al contrario”.

 

Entonces: ¿Qué es el fútbol?

Es deporte, es espectáculo, es arte, es emoción, es pasión. Según el director de teatro Alberto Ure es la única religión sin ateos del siglo.

Pero es el fútbol: ¿una religión, una pasión controvertida o un juego?

Una respuesta podría ser que es el deporte elegido por más seres humanos en el mundo.

Se ve fútbol en estadios, por la televisión, se escucha por la radio y se lee diariamente en periódicos y libros. ¿Es también un negocio? Claro, un gran negocio.

Dice un refrán que si no quieres discutir no hables de religión, ni de política, ni de fútbol. Todo el mundo opina sobre este deporte, todo el mundo sabe sobre fútbol.

Deberíamos especificar que el fútbol es un deporte de habilidades abiertas, donde existe una incertidumbre provocada por un balón, que se juega en un terreno de amplias dimensiones, entre jugadores adversarios, pero con la ayuda de colaboradores.

A diferencia de la natación, el ciclismo o el atletismo, donde las acciones son cíclicas y lineales, en el fútbol las acciones son no lineales, con lo que se puede crear.

Como dijera en su título de libro Dante Panzeri, el fútbol es “Dinámica de lo impensado”.

 

¿Opio del pueblo? Pan nuestro de cada día…

Para los que jamás se acercaron al fútbol, es lógico que hayan entendido que unos jóvenes pateando un balón esférico, corriendo, sudando y gritando como monos, no podía ser otra cosa que una grosería y una idiotez.

Llegaban a entender que esa “droga suministrada” por el gobierno de turno, no era otra forma que distraer por medio de un juego, los verdaderos problemas de la sociedad. Mientras juegan se olvidan de los problemas. Démosle fútbol que trabajo no podemos darle. Pan y circo.

Los intelectuales nunca estuvieron de acuerdo con ese deporte cursi.

Deportes son el tenis, el criquet, el golf. Ni hablar del ajedrez. El pensamiento en su máxima expresión. ¿Y es que en fútbol no se piensa? La eterna discusión es y será si el fútbol comienza en los pies o en la cabeza, cada cual expondrá sus razones y defenderá su justificación. No niego lo anterior pero pido un sitio para el corazón. El fútbol es un sentimiento y es de la gente. Los jugadores y entrenadores somos mercenarios. Y no quiero que se mal interprete. Cambiamos de clubes porque es nuestro trabajo, nuestro pan.  Hoy aquí, mañana allí. Por eso, los únicos que aman los colores de un equipo son los propios aficionados. El fútbol es del pueblo, interpretado por unos jugadores, que representan un escudo.

 

Nuevas tecnologías.

Seguimos en el mundo problemático y febril del tango Cambalache, pero la pelota sigue girando y los cien años de historia de este deporte con sus diecisiete reglas de juego sigue vigente. Siempre alguna pequeña modificación, para actualizarse, para agilizar el devenir del juego. Han querido y querrán instalar e instaurar elementos modernos y sofisticados, pero en esencia el fútbol no va a cambiar. Las nuevas tecnologías han mejorado todo lo que rodea al fútbol. Hay una industria sideral alrededor de este deporte y la ola seguirá subiendo. La informática, robótica y tecnificación del XXI seguirá introduciendo productos en el mercado. ¿Todo por el fútbol? No, todo por el negocio. El fútbol ya no es el domingo ir al estadio, ahora el fútbol entra en casa y gracias a las televisiones que facturan por publicidad, es que salen los dividendos para amortizar los costes y guardar las ganancias. Todos los clubes pierden, mientras muchas empresas ganan. ¿Y quién más gana? La dueña del juego. Seguramente la institución más prolífera del siglo XX y que sigue aumentando su expansión de una forma sideral en el presente siglo. La FIFA.

 

Juego o producto.

No podemos negar el fútbol como juego. El resultado sigue importando tanto para los jugadores, entrenadores, directivos, presidentes, masa social, como para los millares de espectadores que han apostado por un vencedor, un autor de goles, un portero imbatido y hasta por el minuto en que se producirán los cambios y los goles. Las empresas venden imágenes de futbolistas para vender el mejor producto, llámese coche, viaje de placer o bebida isotónica.

 

¿Quién se debe a quién?

Gracias al deporte fútbol, miles de hogares tienen un pan en la mesa. Vende el del kiosko de periódicos deportivos, el periodista, el del bar. El de las apuestas, los propios jugadores y todo el arsenal de personas que hoy integran un club, desde entrenadores, colaboradores, delegados, personal administrativo, etc., etc., etc…

 

En ese macrocosmos balompédico, en ese espectáculo mundial en que se ha convertido, la mercadotecnia ha entrado en forma de souvenirs, gorras, bufandas y camisetas; una industria universal de material deportivo, que se renueva temporada tras temporada y que el hincha consume reglamentariamente. Y ya no son camisetas que se venden a precios de oro y que fueron fabricadas por cosedoras asiáticas que en jornadas de diez horas y en condiciones deplorables, apenas ganan para el pan. Hablamos de empresas que fabrican desde porterías hasta gradas. Desde el césped sintético, hasta la camiseta más transpirable y las botas más livianas y que  mejor se ajustan a la cadena cinética cadera-rodilla-tobillo-pie, y  cada una de las diferentes alturas del césped. Empresas que construyen estadios, campos,que colocarán las luces, otras se encargarán de las taquillas, otras de la megafonía, la limpieza y cuidado de las instalaciones, etc.

Ni que contar de software, juegos de play… y toda la parafernalia electrónica que nos ha invadido.

 

Y todo esto funciona alrededor de un juego tan simple, tan estúpido, como lo es dar patadas a un balón. Increíble! Vaya con los ingleses que se reunieron en una taberna y lo inventaron o ¿descubrieron?

 

Pero todo se genera a partir de un consumidor ¿y ese consumidor quién es?

 

¿Por qué y para quién se juega?  Se siga jugando para él. ¿Quiés es él?  El hincha, el aficionado, el que ama unos colores, unos colores que son de un club, un club que uno adquirió como propio, un club que fundaron nuestro bisabuelos hace más de un centenario, que introdujeron unos marineros ingleses que en busca de tierras y colonias, jamás pensaron que su inocente jueguito  llegaría a continentes, países y hogares, y se convirtiese en el mayor acontecimiento mundial de los últimos tiempos.

 

Y así fue que se instauró en la charla de los lunes, en las discusiones de los viernes, en la tristeza por una pérdida o la alegría por ganar ese clásico. ¿Y quién esa persona que sufre, que llora, que ríe, que canta? El hincha.

 

Ése que trabaja toda la semana para ir al campo o seguirlo por tevé. Ése que se tatúa un escudo, o la cara de su ídolo, ése que lo primero que hace al nacer su hijo, es correr a la sede del club para hacerlo socio, sin saber que a su hijo en el futuro ese juego le parezca una sandez. Ése que antes que camine ya le ha comprado un balón y que al caminar y patear esa primera pelota, llama a todos diciendo ¡es zurdo, ES ZURDO!

 

Ese padre que se llevará al niño al parque para “enseñarle”. Y a la canchita, y al estadio. Ése padre que a los cinco años del niño lo llevará a un club para que enseñe sus habilidades. Ése que al final, repetirá los mismos errores/ horrores (en ocasiones) que su padre cometió con él.

 

Y el chico a los quince, que no quiere más el fútbol, porque las hormonas afloran, y los primeros amoríos y el primer cigarrito…

 

Y así…

 

Y ése niño, que jugará, o no, en regional, o con los amigos (porque de verdad le gusta y porque además juega bien) o en el fútbol profesional, pero que del juego aquel… no ha quedado nada. Sólo presiones y stress. Y a los veinte y tanto o treinta, comenzará otro ciclo… el hijo, el nieto, el sueño de ser futbolista y la pelota que no para de rodar y otro siglo que pasó…

 

SECCIÓN

ANDAMIOS DEL FÚTBOL

Pilares que sostienen el juego.

por Esteban Becker

 

Realizado en Laboratorio AudioVisual Mundo X [laboratorioaudiovisualmundox@gmail.com] para Esteban Becker. 2014